De Allende los mares

Se habla mucho de que la CIA intentó derrocarlo, pero no se menciona nunca el hecho de que era un agente del KGB y que recibió cuantiosas sumas de dinero de los rusos para subvertir el orden en su país.
Se habla mucho de que era un socialista, y es un ícono de la izquierda mundial, pero se obvia el hecho de que en sus años mozos admiraba a Mussolini y que nunca dejó de ser un antisemita.
Se le recuerda por haber sido electo democráticamente y se le tiene en cuenta su mérito de haber sucumbido a un golpe militar, pero no hay imparcialidad, cuando de contar la verdadera historia de Chile se trata. Estoy hablando de Salvador Allende.
Su recuerdo, edulcorado a través de la historia como en el caso de Ernesto Ché Guevara, es selectivo y parcial. Casi nunca se menciona la inestabilidad y el inmenso caos social que provocó en Chile, la profunda división y radicalización que creó, ni sus nexos con gobiernos como el de Cuba y el de Rusia, que tenían objetivos muy precisos en Chile: Crear un segundo satélite de Moscú en Suramérica.
Por estos días se cumple un centenario de su nacimiento, y no falta nunca esa clase de tontos, sobre todo en el mundo del arte, que lo celebran. Pintores que le pintan, cantores que le cantan, literatos, ensayistas, historiadores y chilólogos que lo presentan como un Cristo en la cruz.
No pretendo ser defensor de una dictadura como la de Pinochet, que dejó tantas víctimas en Chile. Sólo intento apelar a la honestidad de tantos historiadores y biógrafos parcializados, que aún intentan colocar a la dictadura pinochetista no como una consecuencia, sino como la causa.
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