Culpar de todo al "Imperio"


Los Estados Unidos son el sine qua non causa de todos los problemas que hay en América Latina. Reciben siempre palos si se involucran en un problema, y si no se involucran, reciben igual palos y críticas.

Desde hace varias semanas, muchos "analistas" izquierdosos han estado tratando de vincular al pentágono o a la CIA norteamericanos con lo que está pasando en Honduras.

Sin dudas, según muchos sesudos, si un general del ejército estadounidense estornudó encima de su café, u orinó de color verde aquella mañana, o acaso provocó que se desviara una mosca, sin duda alguna creó un efecto mariposa que fue a repercutir en aquella nación, constituyendo ese acto, como una "prueba contundente de la injerencia del imperio".

Lo cierto es que de la retórica acusadora no han podido pasar, porque hasta ahora no se ha probado que la mano militar o de inteligencia norteamericana haya estado detrás de los recientes sucesos en Honduras.

De ese modo vemos cómo, si Cristina de Kirchner recibió varias maletas de 800,000 dólares ilegales de Chávez para su campaña, resulta muy conveniente contraatacar diciendo que se trata de una maniobra sucia del imperialismo y de la CIA para desestabilizar a la Argentina. Si salen pruebas de que el presidente ecuatoriano Correa también es un corrupto por haber recibido fondos de las FARC, también eso es obra del imperialismo yanqui. De la misma manera, si Suecia y Colombia presentan pruebas contundentes de que Hugo Chávez traficó cohetes y otras armas a las FARC, ahora resulta que es otra de las maniobras del imperio para invadir Venezuela, y la lista por ahí sigue...

Entre el caso de Honduras y los demás casos está siempre este denominador común. Ya Zelaya ha dicho, siguiéndole la rima a su mentor político, Hugo Chávez, que la mano norteamericana ha estado detrás del golpe que lo destituyó. Casi que inspira lástima.

Para toda esta clase de políticos latinoamericanos basuras y corruptos, los resultados siempre han sido indudablemente exitosos. Hasta el momento casi ninguno de ellos ha sido juzgado ni procesado por delitos de corrupción, y es que, por muy diversos que seamos, los latinoamericanos tenemos un mismo mal en común; siempre reaccionamos pasionalmente y casi siempre de manera positiva ante cualquiera que nos grite o que asuma una posición ofensiva para defenderse, jurando y perjurando que no tienen culpa de nada, que la culpa siempre es de otros.

América Latina seguirá, si seguimos así, otros cien años más en la inmundicia política y en la más profunda miseria económica como resultado de esa curiosa mezcla de envidia y ego antimperialista tan estúpido, que pretende explicarlo siempre todo achacándole al vecino del norte todos los problemas.

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