No todos los que viven en México son mexicanos, ni todos los mexicanos viven en México


Leí hace unos días sobre una supuesta reunión entre los cancilleres mexicano y el que representa a la dictadura cubana, en la que se llegó a un acuerdo para devolver a Cuba a todos los inmigrantes ilegales cubanos llegados a México, no importa de la manera en que hayan llegado a ese país, si sean o no asilados políticos, etcétera.

Similar al acuerdo Castro-Clinton en los noventas, para devolver a los cubanos interceptados en alta mar, en el caso del gobierno de México, también es comprensible. Los mexicanos y los estadounidenses están cuidando sus intereses nacionales; a diferente escala, el acuerdo que acaban de firmar los mexicanos con la Habana es comparable al muro que los Estados Unidos está instrumentando en toda su frontera con México para detener la oleada de inmigrantes de ese país. El muro estadounidense puede ser criticable o no. Lo interesante es que nunca hemos visto a ningún funcionario mexicano alabar la iniciativa de ese muro. Al contrario, todos lo critican, y no falta quienes tildan de racistas a los senadores, congresistas y demás políticos estadounidenses por hacerlo. Bravo por el gobierno mexicano por mostrar solidaridad con sus ciudadanos; siempre ha sido un común denominador que todos los gobiernos democráticamente electos -no sólo el mexicano- que representan a sus pueblos, se preocupen no sólo por los ciudadanos que residen en el territorio nacional, sino también de sus inmigrantes.

Podrá, claro está, argumentarse que los intereses genuinos puede que sean un poco mezquinos, que lo hacen porque necesitan el dinero de las remesas que los inmigrantes mexicanos envían a sus familias en México, o porque la emigración es una solución muy simple a los problemas de la falta de empleo y de pobreza que hay en esa nación. De cualquier manera que sea, el apoyo que reciben los mexicanos de sus consulados en los Estados Unidos y en otros países es considerable, y cada vez que un presidente se reúne con su par estadounidense, el tema de la emigración siempre sale a relucir.

Pero el caso de Cuba es ya vergonzozo. Resulta increíble imaginarse que un gobierno, empeñado no sólo en que el detrimento de las condiciones de vida de la población sea una situación de carácter permanente por casi ya cincuenta años, sin ninguna posibilidad de cambio, y encima, como si esto fuera poco, también causarles daño a quienes intenten irse de la Isla buscando un poco de oportunidades, libertades, paz y oxígeno en cualquier otro país del mundo. A un gobierno así yo le llamaría más bien antigobierno.

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